Cuando en casa con un niño reina un silencio sospechoso
En una casa con un niño, el silencio tiene dos significados. El primero: todos están descansando. El segundo: alguien acaba de descubrir una nueva forma de usar algo que, desde luego, no era un juguete. Los padres suelen distinguirlos por el tiempo transcurrido. Si la calma dura un poquito demasiado, empieza una pequeña investigación.
Una mañana sospechosamente tranquila
En la mesa espera un té a medio beber. En la otra habitación no se oyen bloques, canciones ni la habitual pregunta «¿y por qué?». Durante el primer medio minuto, todo es maravilloso. Durante el siguiente, quien está a cargo empieza a preguntarse si el niño se ha dormido o ha ideado algo mucho más interesante.
Al llegar a la puerta de la habitación, resulta que hay un trabajo importante en marcha: los peluches están sentados en una fila bien recta, cada uno tiene un «billete» de papel y la mesita se ha convertido en una estación. El niño levanta la vista y pide en un susurro:
—Silencio, que el tren está a punto de salir.
Su acompañante asiente. Durante un momento más, finge que no ha venido a comprobar si todo sigue en orden en casa.
Un plan del que nadie había hablado
Otro día, el origen del silencio está en el suelo. Los bloques están colocados en una larga fila y, entre ellos, el niño conduce con cuidado un cochecito. En la alfombra va surgiendo una ciudad con tres aparcamientos, un túnel y un lugar donde el conductor pueda tomar un café. Este último detalle despierta mucha comprensión en el adulto.
Sin embargo, lo más importante del juego es la expresión tan seria del pequeño constructor. Hay que mover cada bloque un milímetro; de lo contrario, todo el recorrido estará «mal». Cuando el adulto pregunta si puede ayudar, recibe esta respuesta:
—Puedes mirar.
Y eso basta. No todos los momentos compartidos requieren tomar las riendas. A veces, el mejor papel de los padres es estar presentes y, otras, simplemente ocupar un lugar en la alfombra.
Comprobar, pero no interrumpir sin motivo
Conviene comprobar qué ocurre en esos momentos sospechosamente silenciosos, porque el entorno del niño debe ser seguro. Cuando ves que juega con objetos adecuados para él y no hay nada que requiera intervenir, puedes dejar que el juego siga su curso. No es obligatorio anunciar tu entrada como si presentaras un programa de televisión.
En la práctica, a veces cuesta. Te entran ganas de preguntar: «¿Qué estás construyendo?», «¿Quién va ahí?», «¿Puedo hacer una foto?». Sin embargo, cinco segundos de observación suelen dar una respuesta mejor que una serie de preguntas. El niño te invitará a participar en la historia si le apetece.
El desenlace: se acaba el silencio
Al cabo de unos minutos, el tren de los peluches se pone en marcha. El primer pasajero cambia de sitio, el segundo pierde el billete y el tercero tiene que volver a por su mantita. El niño llama al adulto para que haga de revisor. El té sigue en la mesa, ya completamente frío.
El adulto echa un vistazo a la pequeña estación y piensa que la situación podría haber sido muy distinta. Pero esta vez el silencio solo significaba que el niño se lo estaba pasando bien. Por supuesto, hasta que todo el tren empezó a cantar una canción sobre las salidas.
Texto del meme: «Se ha hecho el silencio en una casa con un niño» / «Los padres: ¿estamos descansando o acaba de abrir una estación para peluches?».
Si buscas ideas sencillas para jugar juntos, pásate por la colección de juguetes y elige algo adecuado para la edad y los intereses del niño. A veces basta una sola cosa para que todo un viaje empiece por sí solo.